La Tienda

"Traspasar su puerta conlleva un inevitable viaje a un pasado en el que el olor a almendra tostada, a bizcocho, a caramelo, era antesala de momentos únicos"

   

Fachada principal de CASA MIRA

 

"TODO SE CONSERVA DESDE EL 1855"

CASA MIRA, esta ubicada en un sitio totalmente turístico, desde el Palacio de las Cortes, se sube por la Carrera San Jerónimo, en donde se encontrarán las aceras llenas de personas de todas partes del mundo, unos que trabajan por las zonas, otros que quieren conocer Madrid y otros que pasan de paseo o de camino. En el ambiente se puede percibir que flotan jerigonzas ininteligibles, es por eso que la Carrera de San Jerónimo la podemos definir como un auténtico Babel.

Cartel de CASA MIRA, labrado en oro

Una vez se emprende la subida se aprovecha este lugar para la toma de un respiro y volver la vista atrás, los leones de las Cortes están tostándose al sol y, en lontananza, las agujas de San Jerónimo el Real aparecen difuminadas por ambiente velazqueño, denso, de esos que casi se podrían palpar y de fondo se escuchan anunciando la hora las campanas de Jesús de Medinaceli. Tanta historia destilan estas aceras, estos edificios…. en Carrera de San Jerónimo existieron en los albores del siglo pasando una “Fontana de Oro” o un “Salón Lorencini” donde la gente principal de la corte ensayaba en el último “juguete” político entre pastas, té y café.

 

                   Cartel de CASA MIRA, labrado en oro 

 

CASA MIRA en el número 30 de esta calle sobre un cartel labrado en oro, soportado por cuatro columnas de caoba que aparecen rematadas por sendos capiteles clásicos, tiene un alcance a los fondos mas lejanos del siglo XIX.

La tienda es una sala espaciosa, cuadrangular, de paredes revestidas de caoba y espejos. La cuidadosa presentación de los dulces en los mostradores de cristal produce la ilusión de encontrarnos en una joyería. Frente a la puerta de entrada, Don Luis Mira, inmortalizado en un retrato, permanece en actitud vigilante para que todo continúe realizándose tal y como el ordenó hace más de 150 años. Bajo el techo de escayola, repleto de artesonados con motivos florales, llaman la atención diversas inscripciones que hablan de la antigüedad del negocio, pero sobre todo, un escudo policromado en madera con la leyenda “Proveedor de la Real Casa”

La trastienda es un dédalo de pasillos y cocinas comunicadas que después de una larga jornada laboral permanece en la mas absoluta tranquilidad. Pucheros, perolas, cazos, paletas, calderos, bandejas y batidoras sueñan adosados a la pared con zambullirse al día siguiente en la masa caliente y dormilona. En el despacho que han ocupado los Mira durante cinco generaciones, se ha cultivado lo que hoy en día llamamos “relaciones públicas”, que fue lo que llevaría hasta las mismísimas puertas de Palacio.

En este despacho hoy en día permanecen colgados en la pared, como reliquias, los vestigios de quien llevó una vida notable y reconocida. Don Luis Mira obtuvo la Medalla de la Orden de Isabel la Católica en el año 1868, y allí se exhibe el metal entre mas distinciones cuya procedencia resulta difícil determinar.

Desde la apertura de Casa Mira, en el año 1842 hasta nuestros días, median 170 años. Siglo y medio de vida ininterrumpida en el transcurso de la cual ni ha variado el aspecto externo de la tienda ni las fórmulas de elaboración de los productos.

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